Esta idea le surgió de sus viajes de trabajo a los Alpes, donde pernoctaba en hoteles de estaciones de esquí. Allí se dio cuenta de que a parte de descanso, los hoteles no ofrecían ningún servicio extra, y los días de mal tiempo, eran un poco aburridos.
Andorra, en ese momento estaba en pleno crecimiento y todavía quedaba mucho por hacer. Marc vio en Soldeu el Tarter la posibilidad de convertirse en una estación de esquí de reconocimiento mundial y decidió de construir su proyecto a pie de pistas de El Tarter.